Cuando nos vamos a la ducha

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Posted by Kialaya | Posted in Uncategorized | Posted on 08-10-2007

Repasando mis feeds pasé por el blog de Ancude y estuve leyendo un post muy divertido que tiene en el que habla sobre la frase “me voy a la ducha, ahora vengo” que suelen poner muchos usuarios de servicios como Twitter o Jaiku o bien de mensajería instantánea. Sobre todo se centra en lo que los chicos piensan cuando una chica dice eso. Bien, iba a dejarle un comentario pero la cosa se hizo muy extensa y he preferido ponerlo como un post en mi propio blog. He aquí mi respuesta:

Después de hablarlo con un par de amigas mías que también suelen estar por internet y utilizan microblogging o servicios de mensajería hemos llegado a la conclusión de que existen tres razones para decir esto:

1. La mayoría de las veces lo decimos de manera totalmente inocente porque sencillamente es que TENEMOS que ir a la ducha porque nos tenemos que arreglar para ir a dios sabe dónde.

2. Es una buena excusa para escapar de una conversación con un/a amigo/a plasta. “Uy, lo siento muchísimo pero es que tengo que irme a la ducha porque voy a salir y por tanto me voy del ordenador lo más lejos posible para evitar tener que seguir soportando tus memeces”.


3. Somos malas, muy malas, y sabemos perfectamente lo que os pasa por la cabeza y por tanto decimos eso precisamente para producir ese efecto, bien porque el chico en cuestión nos gusta o por el simple hecho de reirte de él un poquito imaginando su cara de circunstancia.

Nota aclaratoria: en servicios como Twitter se suele dar por lo usual el caso 1 pero en MSN o GTalk son más frecuentes los casos 2 y 3.

Un hombre de verdad

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Posted by Kialaya | Posted in Uncategorized | Posted on 08-10-2007

Haciendo limpieza de papeles el otro día (tiendo a guardar montones de papeles de cosas interesantes para ver más tarde y cada cierto tiempo me veo obligada a tirarlos) me encontré con un artículo que había guardado de una edición de “Metro Directo“. Se trata de una columna de opinión escrita por la periodista Imma Sust que me hizo muchísima gracia en su momento y quería compartirlo con mis lectores, pero en especial con las mujeres que me leen y preguntarles si están de acuerdo o no con lo escrito. ¿Nos gustan los hombres actuales o los preferimos a la antigua usanza? En especial dedico este post a mi amiga Brujeitor en cuyo blog habla de cosas similares pero de manera desternillante.

UN HOMBRE DE VERDAD

Hola, me llamo Imma y quiero un hombre de verdad. A mis 32 años ya me he cansado de esperar al príncipe azul y, una vez asumido eso, me doy cuenta de que los hombres de verdad ya no existen. Ahora, el hombre del siglo XXI es como nosotras, las mujeres, igualitos pero con pene.

De hecho, son peores. ¡Usan nuestras cremas, se depilan, tienen más ropa en el armario, van al club cuatro horas al día y son sensibles! Yo no quiero un hombre sensible, quiero un hombre que me abra la puerta del coche, me defienda si entra un ladrón en mi casa, sepa conducir y no llore viendo Los puentes de Madison. ¿Pero cómo encontrar a ese hombre?

Yo ya no distingo a los metrosexuales o los heterosexuales. Antes era más fácil. Un hombre llevaba un pendiente y estaba claro, era gay. Ahora tienes que hacerle un test para descubrir de qué palo va. El último hombre con el que he ligado pasa más horas en la peluquería que yo, se pinta las uñas, se gasta un pastón en ropa de marca y es un narcisista de narices.

Pero lo peor viene a la hora de cenar. No se limita a limpiar los platos o recoger la mesa como haría cualquier hombre normal. No. Cada día, entra en mi cocina, lo ordena todo a su manera y decide por mí qué es lo que tengo que comer. Y no estoy hablando de unos macarrones y un bistec a la plancha. ¡Qué va! Cocina cosas raras que no sabía ni que existían, como el tofu.

Pero el otro día pasó algo con lo que una no puede luchar. Le pedí que me ayudara a colgar un cuadro y resulta ¡que no sabía hacerlo! En aquel momento me di cuenta de que aquella relación no iba a llegar a ningún lado.

¿Pero qué está pasando? Si un hombre ya no puede colgar un cuadro o cambiar una rueda del coche ¿de qué narices te sirve? Para eso me voy a vivir con una amiga. Porque no nos engañemos, desde que existen esas cosas que vibran, ¿para qué necesitamos a un hombre si no puede ni montarte una mesa del Ikea? Es desesperante. Cuánto daño ha hecho David Beckam al mundo masculino en general. Yo sólo quiero un hombre de verdad, que vea el fútbol a la hora de cenar y me deje en paz.